ACOMPAÑAR AL HERMAN@ EN SU GETSEMANÍ

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Llorar es “derramar el alma ante Dios”. Quejarse bajo su mirada.
Desahogarse ante Él: evitar el ahogo, respirando aire fresco ante Él. Las lágrimas tienen, por tanto, una gran dignidad.
Y más aún: ¡Cristo lloró! Sus lágrimas fueron una forma de oración ante
Dios. Lloró Cristo. También María. ¿No lo hará el cristiano? “No es el discípulo
más que su Maestro” (Mt 10, 24). Desde luego, el Señor no llamó
bienaventurados a los “lloronas”, sino a “ los que lloran”: no declaró santas las lágrimas de cocodrilo ni las de orgullo o despecho, sino las que brotan de un corazón limpio.
Contemplando el llanto de Jesús, no nos avergonzamos del nuestro. “Las
lágrimas de Jesús nos revelan el más profundo misterio de su persona. Quien no
aparta sus ojos de Jesús que llora, ese y solo ese ve el corazón de Dios
todopoderoso… ¡No nos avergoncemos de las lágrimas de Jesucristo! Ellas nos revelan el más profundo misterio del Poder de Dios” Jüngel-Geistesgegenwart
)

¡¡ ABBÁ, PADRE SI ES POSIBLE ALEJA DE MI ESTE SUFRIMIENTO…!!!!

¡¡ PERO, QUE NO SE HAGA MI VOLUNTAD, SINO LA TUYA, PADRE !!

Señor hay personas que amo y están sufriendo mucho, hay personas que lloran y nadie las consuela, hay personas que mueren en la soledad. ¡ Señor, Si es posible aleja de ellas ese amargo cáliz !!

A TI QUE SUFRES

¡A TI, QUE SUFRES! Hay dolores y sufrimientos que son simplemente inexplicables. Su intensidad y duración no son lógicos. Superan toda razón. Y humanamente van más allá de toda fortaleza. Por eso la manera de afrontarlos no es encontrando un porqué, sino un para qué. ¡Darles un sentido! Mis hermanos enfermos, nadie sino ustedes mismos saben la profundidad de su dolor. Nadie salvo ustedes mismos sabe la humillación que conlleva el tener que depender de otros a veces hasta para las necesidades más elementales. Nadie sino ustedes mismos saben lo duro que es no poder disfrutar de todo lo que los demás disfrutan, porque su enfermedad los limita. Nadie sino ustedes mismos, experimentan en su propia carne lo que significa anhelar un momento de tregua, un segundo de paz. También al que se siente solo y abandonado, hoy te aseguro que Dios está contigo. Que Él conoce tus lágrimas, tus sufrimientos más callados. Que Él sí sabe valorarte, que Él sí te acepta como eres y te ama con toda la intensidad que es posible, y que nosotros ni siquiera podemos imaginar, ¡porque es infinita! Es por eso que a ese corazón que hoy experimenta un vacío inmenso, ¡Dios le promete una plenitud aún más inmensa, una felicidad infinita! ¡No dejes que el sentimiento de soledad te amarre a este mundo, buscando llenar con criaturas que sólo te van a decepcionar! ¡Busca a Dios, y sólo a Él, y entonces todas las criaturas serán un paso más hacia la eternidad! A ti, hermano o hermana, que sufres la pérdida de un ser querido te digo que tu dolor no es ciego. ¡Es el grito del alma que nos recuerda a todos que estamos hechos para el cielo! ¡Que la tierra, así como la conocemos, no es eterna! Ese corazón que sufre es un motivo para entregarnos en cuerpo y alma a los demás, pero también nos hace conscientes de que la paz total sólo la encontraremos en el cielo. ¡No permitas que el dolor de la muerte amargue tu vida, tómalo, más bien, como una plataforma de lanzamiento hacia ese Lugar, donde ni el pecado, ni la enfermedad, ni la muerte tendrán ya más poder! ¡Ahí te esperan esas personas que tanto amas! A mis hermanos que pasan por necesidades económicas, ¡Dios está con ustedes de una manera especial! ¡No los abandona! Es en la pobreza donde El más a gusto está, es con los humildes donde Él se explaya, se goza. Tu pobreza también tiene un sentido de cielo. ¡Cuántas cosas te faltan! ¡Cuántas penurias tienes que sufrir! Y es en ese momento, precisamente en ese momento de precariedad, donde tu corazón descubre que estás hecho para el cielo. Esto no significa el dejar de luchar por progresar, ¡significa que esta lucha tiene sentido no sólo para esta tierra, sino para toda la eternidad! A todos, en definitiva, les quiero decir que no sufren solos, que hay Alguien más que lo conoce todo y lo sufre con ustedes: ¡Dios! Y sé que a veces ese nombre puede sonar hueco. Sé que cuando el dolor es más fuerte, más fuerte es el sentimiento de vacío en el corazón. Pero ha llegado el momento de permitir que esa amargura se haga un grito que anhela un consuelo, que busca la salud, una oración que se eleve hacia la eternidad, un vacío que persiga un abrazo desde lo alto. Pero al parecer nadie responde del otro lado… Y el silencio se hace más profundo, más radical. Sin embargo, hermanos, Dios está ahí. Dios sufre con ustedes. Dios vive en ustedes. Sí no, ¿qué sentido tendría todo lo que ustedes tienen que padecer? Si no hubiera un Dios, no habría un cielo y, lógicamente, no habría un sentido a nada de lo que ustedes tienen que afrontar en su carne y en su alma. Sus dolores son perlas preciosas que se van atesorando en el cielo. Sus dolores también tienen sentido porque con ellos arrancan gracias de bendición para tanta gente que no tiene esperanza. No están solos en esto, Cristo se la juega con ustedes. Por eso se quiso quedarse en una Cruz. Por eso, en la Eucaristía, está ese sacrificio hecho memorial, esa ofrenda de un dolor desgarrador, pero lleno de sentido porque lo ofreció al Padre, por amor a nosotros. Dios no es indiferente a su dolor. A Él le importas tú. Tanto que sufre contigo. Tanto que a veces también se queda sin palabras, simplemente contemplándote. El dolor es una flecha, no sólo de las que se clavan, sino también de las que señalan. Y ésta nos apunta hacia el cielo. El corazón sufriente es el grito más fuerte de que esta tierra no es sino el principio de un cielo y una tierra nuevas donde, entonces sí, se colmará nuestro anhelo sin medida. Agarrémonos de las manos y caminemos, ¡qué digo, corramos, juntos hacia el cielo!

EL DOLOR QUE REDIME Y LLEVA AL CIELO

3. DAR SENTIDO AL DOLOR.

4. SI SUFRO ES PORQUE DIOS ME CASTIGA?

5. TRES CONSEJOS PARA EXPERIMENTAR EL AMOR DE DIOS.

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